Venezuela en crisis celebra la canonización de José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles

El papa canonizó a José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles, los primeros santos de Venezuela. Este domingo, la canonización de Hernández y Rendiles marcó un momento significativo en la memoria del país, que enfrenta una crisis política, escasez y fragmentación social. En medio de celebraciones con banderas nacionales, miles se unieron tanto dentro como fuera de Venezuela para conmemorar este evento. El eco de la fe resonó en las calles, donde se escuchaban vítores y proclamaciones como “¡Santos somos, Venezuela!”.

La Plaza de San Pedro en Roma se llenó de más de 55,000 fieles, muchos de ellos venezolanos, que honraron a Hernández, conocido como el “médico de los pobres”, un personaje venerado desde hace años por su dedicación a los más necesitados. Su historia es parte integral de la identidad venezolana y su figura ha trascendido más allá de lo religioso, simbolizando bondad y solidaridad.

Desde su nacimiento en 1864 en Isnotú, estado Trujillo, Hernández dedicó su vida a la atención médica gratuita. Falleció a los 54 años, y su legado ha generado una devoción que se ha mantenido a lo largo de las décadas, siendo considerado santo por muchos incluso antes de la canonización oficial.

La celebración no solo se limitó a las fronteras de Venezuela; ciudades como Bogotá, Madrid y Miami vieron a la diáspora venezolana unirse para seguir la misa. En cada rincón donde hay venezolanos, se encendieron velas y se escucharon oraciones por un país que busca consuelo en la fe.

La canonización coincidió con un momento de crítica social. La Conferencia Episcopal Venezolana aprovechó la ocasión para demandar la liberación de presos políticos, y diversas organizaciones de derechos humanos elevaron sus voces en medio de la celebración.

Al mismo tiempo, el Estado trató de incorporar la figura de Hernández en su narrativa, presentándolo en un contexto que alude a eventos históricos. Sin embargo, muchos ven en él un símbolo más profundo, un hilo de esperanza en medio de la adversidad.

Al finalizar la misa en Roma, las campanas continuaron sonando en Venezuela, donde algunos celebrantes lloraron y otros cantaron el himno nacional. En Isnotú, ante la estatua de Hernández, una anciana encendió una vela y repitió una frase que resonó en todo el país: “José Gregorio ya era santo. Hoy el mundo lo sabe”.