El régimen de Maduro impidió el acceso del cardenal Baltazar Porras al santuario de San José Gregorio Hernández en Isnotú, estado Trujillo, donde debía oficiar una misa el 26 de octubre, coincidiendo con la fiesta litúrgica del santo venezolano. La situación, que incluyó la suspensión de vuelos y un significativo despliegue militar, ha intensificado la tensión entre la administración de Maduro y la Iglesia Católica, especialmente tras la reciente canonización de Hernández y de la Madre Carmen Rendiles.
Baltazar Porras denunció en un video que el 24 de octubre recibió una llamada del viceministro de Cultos, quien le comunicó “la inconveniencia” de su viaje a Trujillo, alegando informes de “posibles disturbios”. El cardenal afirmó que su único objetivo era presidir la misa y que no fue notificado formalmente sobre incidentes en la región. Posteriormente, recibió un mensaje y un correo informándole que su vuelo de Conviasa estaba suspendido hasta el 28 de octubre, aunque comprobó que la aeronave había partido y aterrizado normalmente en Valera.
Ante la cancelación, Porras optó por un avión privado, pero fue desviado a Barquisimeto por supuestas condiciones climáticas adversas, lo cual contradijo al enterarse de que otros vuelos llegaban a Trujillo en ese momento. En Barquisimeto, un «inusual despliegue militar» rodeó su comitiva de cinco personas, y se le impidió continuar por carretera. Porras comentó que no sufrió agresiones físicas y que los agentes señalaron que estaban cumpliendo “órdenes superiores”.
El cardenal expresó su preocupación por las restricciones a sus movimientos y el intento de amedrentamiento por parte de las autoridades. La Conferencia Episcopal fue oficialmente notificada sobre la «inconveniencia» de su presencia, lo que, según Porras, refleja la falta de libertades y el exceso de militarización en el país. Cuestionó el motivo por el cual no pudo cumplir con su deber religioso.
La opositora María Corina Machado condenó la acción en la red X, describiéndola como una escalada represiva, y afirmó que tales acciones solo fomentan una mayor unión y determinación del pueblo venezolano. Resaltó la importancia espiritual de la canonización y urgió a la sociedad a permanecer unida en oración por la paz y la libertad.
Durante un acto en Caracas, Maduro atacó al cardenal Porras, acusándolo sin evidencia de haber conspirado para obstruir la canonización de Hernández. Aseguró que la santificación se logró «a pesar de Porras» y afirmó haber presentado la causa de Hernández al papa Francisco, reivindicándose como clave en el proceso.
Estas declaraciones surgieron poco después de que Porras describiera la situación en Venezuela como “moralmente inaceptable”, citando la reducción de libertades y el aumento de la pobreza. También pidió la liberación de los presos políticos y la restauración de la autonomía de los poderes públicos, acentuando la histórica división entre el chavismo y la Iglesia, ya observada durante los gobiernos de Hugo Chávez y exacerbada en la actualidad.
En medio de esta controversia, la Iglesia Católica venezolana anunció la cancelación de una misa multitudinaria en Caracas por la canonización de Hernández, prevista para el sábado en un estadio de béisbol, alegando motivos logísticos y de seguridad. Un sacerdote de la Arquidiócesis de Caracas destacó que las solicitudes de entrada excedieron la capacidad del recinto y negó que la suspensión respondiera a presiones políticas.
Pese a las restricciones, comunidades parroquiales a nivel nacional mantienen vigilias y celebraciones en honor a los nuevos santos venezolanos, que simbolizan esperanza para millones de fieles en un contexto de adversidad social.
